Cuando ves un vídeo terminado no ves las horas de preparación, los cables, los cambios de luz ni los planos que se repiten cinco veces. Me encanta esa parte invisible, así que hoy te cuento cómo vivo yo un rodaje por dentro.
Antes del rodaje: casi todo se decide aquí
Un buen día de rodaje empieza días antes: cierro el guion o el storyboard, elijo las localizaciones, hago la lista de planos y preparo un plan horario. Lo que no queda claro en la preparación se paga en el set, con prisa.
El día: orden, equipo y luz
Llego pronto para montar el equipo y probar la luz antes de que nadie espere nada de mí. Ordeno los planos por localización y por luz, no solo por el guion, para no perder tiempo moviéndolo todo. Un día típico lo hacemos entre dos o tres personas: yo en cámara y dirección, alguien en sonido y otra persona ayudando con la luz y el material.
El sonido, el gran olvidado
Una imagen bonita con mal sonido se ve mal. Siempre reservo tiempo para probar el audio, y cuando puedo grabo un poco de sonido ambiente extra, que después salva muchos montajes.
Imprevistos: parte del trabajo
Siempre pasa algo: la luz cambia, una batería se acaba, alguien llega tarde. Lo importante es tener un plan B y mantener la calma, porque el ambiente del equipo se nota en la pantalla. Una vez empezó a llover justo antes de grabar la escena principal; movimos todo a un interior cercano y acabó dando una luz mejor que la que habíamos planificado.
Al terminar: copias antes que nada
Lo primero al acabar es volcar el material y hacer una copia de seguridad, antes de irme del sitio. Un rodaje perdido por una tarjeta corrupta no se repite.
Un rodaje es trabajo en equipo, paciencia y muchísimo cariño por los detalles. Y cuando el resultado final funciona, todo ese esfuerzo invisible se convierte en algo que se puede ver.
