Un buen vídeo se decide mucho antes de darle al botón de grabar. Con los años he ido afinando un flujo de trabajo que me da calma y me deja tiempo para lo creativo. Así lo hago.
1. La idea y el guion visual
Empiezo por lo que quiero contar y para quién. Después lo bajo a un guion sencillo o a un storyboard: qué planos necesito, en qué orden y cuánto durará cada uno.
2. Preparar la grabación
Reviso la luz, el sonido y el espacio, y llevo una lista de planos para no olvidar ninguno. Grabar con un plan ahorra horas de edición. Grabo con una cámara Sony A7 y un micrófono dji, llevo siempre un trípode y un 3 paneles de luz.
3. Montaje
Primero ordeno el material y hago un montaje en bruto; después ajusto el ritmo, que es lo que separa un vídeo que se ve de uno que se abandona. Edito en Adobe Premiere Pro y hago los gráficos y las animaciones en After Effects.
4. Motion, color y sonido
Añado títulos y pequeñas animaciones con criterio, corrijo el color para que todo el vídeo se vea coherente y cuido el sonido, que el público perdona menos que una imagen mejorable.
5. Exportar según el destino
Un vídeo para redes sociales, uno para web y uno para pantalla no se exportan igual. Pienso el formato y la duración desde el principio, no al final.
Mi idea de fondo es sencilla: un buen flujo no le quita libertad a la creatividad, le da un lugar donde ocurrir.
